Desordenar para volver a ordenar

He aquí la base del proyecto, "crear el caos" para luego volver a poner todo en su sitio. No perdamos de vista que lo que queremos básicamente es trabajar la lectoescritura con esta metodología. Por lo tanto, para llegar a ordenar letras en una palabra y palabras en una frase en el nivel de 5 años tenemos que trabajar actividades previas en los cursos anteriores que familiaricen a los alumnos con lo que esperamos de ellos.
Necesitamos que los niños presten atención a las actividades sin necesidad de pedírselo continuamente.
Necesitamos crear en el aula un ambiente de concentración intrínseco a cada niño, porque si no estoy atento no puedo seguir el juego y no podré tener la recompensa emocional de haberlo conseguido.

Empezaremos por actividades muy sencillas de clasificar objetos del aula. A cada niño se le reparte un objeto (en este caso una pelota de color). Suena la musica y los niños deben intercambiar las pelotas entre sí. Los niños acostumbrados a trabajar de este modo saben que la música indica el inicio de la actividad por lo que el papel de la maestra ya empieza a ser diferente del que estamos habituados. No tengo que captar la atención de los alumnos porque inmediatamente se ponen "manos a la obra". No tengo que pedir silencio porque es indispensable para escuchar la música y saber cuando para. En definitiva, no necesito utilizar continuamente el molesto "silencio que vamos a empezar"; el que no esté pendiente de lo que hay que hacer no puede jugar.

Cuando paramos la música los niños tienen que ordenarse por colores, pero la gracia está en que la maestra no utiliza las palabras para dar órdenes, sino que utiliza tarjetas que muestra sin mediar palabra y que los niños deben ser capaces de descifrar que tienen que hacer.


El follón está servido. En las primeras sesiones los niños están desorientados, buscan el apoyo de la maestra para que les diga que tienen que hacer. Aquí podemos comprobar que están realmente acostumbrados a que les digamos exactamente los pasos que tienen que seguir para realizar una actividad. Pero, de momento, alguien rompe sus esquemas y les obliga a buscar estrategias para resolver la situación.


Estrategias cognitivas:
- Tengo que estar atento
- Tengo que "leer" lo que quiere decir la tarjeta
- Tengo que establecer relaciones y hacer deducciones
- Tengo que "hacer" lo que se espera de mi (tengo que resolver)

Estrategias emocionales: Al poner a los niños en movimiento se mueven también los sentimientos.
- No quiero cambiar la pelota que me ha tocado porque es mi color favorito y es "mia"
- No quiero cambiarte la pelota a ti porque no eres mi amigo del alma y sólo le cambio la pelota a mis mejores amigos
- Estoy tan ocupado en conservar la pelota que quiero que no me he enterado de lo que tengo que hacer
- Ha parado la música y estoy perdido. Tengo que fijarme en lo que hacen los demás porque la seño no me dice lo que tengo que hacer
- Hay compañeros que están recibiendo un "puntito de Muy Bien". Voy a hacer lo mismo que hacen ellos.
- Pero no recibo "el puntito" porque me he despistado y he tardado mucho en resolver. La próxima vez estaré más atento.

El niño no está aprendiendo sólo el concepto trabajado, está poniendo en marcha sus habilidades sociales con su grupo de iguales. El adulto propone y los alumnos disponen. Las emociones que encierra esta actividad va mucho más allá del razonamiento intelectual. Poco a poco el niño irá asimilando que tengo que cambiar tarjetas con todos mis compañeros, que no importa el grupo que me toque, o con quien me emparejo porque cambiamos de parejas y grupos continuamente y cada vez me tocará con un amigo diferente, que tengo que estar muy atento, que mis amigos (y no la seño) me ayudan cuando me pierdo y que yo también puedo ayudar a los demás.

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